El mito de Sísifo puede es un buen ejemplo de la labor docente. Sísifo fue un personaje de la mitología griega con una vibrante inteligencia y un sentido del humor poco entendido por los dioses que, en vez de entender la picardía de este personaje como cualidades de un potencial fichaje para sus ajedreces con los mortales, lo condenaron a subir eternamente una enorme roca por la ladera de una colina y al llegar a la cima de esta, la roca caería nuevamente a la base de la montaña.

El mito de Sísifo es tan simple y rico que da lugar a tantas interpretaciones como se quiera, esto queda claro en la perspicaz interpretación que hace Camus al respecto.  Más allá de la profunda interpretación del francés, el mito es una imagen que representa la labor docente.

El trabajo docente se resume a un ciclo en el que se busca subir un grupo de mentes, uno tras otro, a un estado superior del conocimiento. Cada grupo es como la roca de Sísifo, dejamos la roca tan alta como podemos y volvemos a iniciar el ciclo en un bucle indefinido. Visto como está presentada en estas líneas, parece que la labor docente es realmente desesperanzadora, sin embargo, la semblanza con el mito tiene varios puntos de divergencia de los que hablo a continuación.

En el caso de Sísifo identificamos directamente la monotonía de su rutina: sube la roca, alcanza una cierta altura, la roca cae, el esforzado mortal camina ladera abajo para empujar nuevamente la esquiva masa de minerales, obediente a las implacables leyes gravitatorias. En el caso de la labor del educador, identificamos el hecho que la roca en cada ascenso cambia: cada grupo de estudiantes es diferente. Cada roca tiene una topografía, una textura y una composición diferente, que se manifiestan, para esta analogía, en los contextos que definen a cada grupo de estudiantes. En este punto, el trabajo no es tan monótono como podría esperarse e incluso puede resultar interesante para los protagonistas.

En contraste con nuestro amigo griego, tenemos que variar infatigablemente la estrategia para el ascenso. Cuando bajamos por la ladera de la montaña, observando la nueva roca que debemos subir, hay un acto consciente de planeación, un acto creativo en el que calculamos los posibles caminos que podemos recorrer con este nuevo reto que nos espera. Este acto de visualizar y ejecutar el ascenso es un trabajo que se renueva y enriquece en cada parte del camino. La roca está viva y cambia por ella misma, por el camino que recorre y por el titánico esfuerzo de quien la empuja. No es un trabajo que se deba menospreciar.

A diferencia del personaje del mito, no estamos solos. Somos muchos los que estamos involucrados en el ascenso de cada una de estas rocas, Sísifos que toman una roca que otro Sísifo ha subido un poco y caído otro tanto, para elevarla un poco más o en una colina diferente; este equipo lo forman todos los involucrados en el proceso formativo, no se limita a los maestros. En la medida en que se entienda este proceso vinculante podremos salir de un ciclo estático y convertir este proceso en un ciclo que llegue a nuevas alturas.

En esta interpretación del mito en el ámbito académico, el papel del docente se entiende como uno activo, creativo y enriquecedor al que podemos aportar como colegas, como padres de familia y como seres humanos. Sin este apoyo colectivo y continuo, cada roca volverá a su lugar original, cada vez más pesada, cada vez más difícil de elevar para un único Sísifo que recorre el mismo camino, sin variaciones, ad infinitum.

 

Alex Rincón

Docente de Matemáticas de Secundaria

Por una co-educación integral

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#VenAlColegioColomboHebreo

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Tomado del libro Conscious Discipline. Building Resilient Classrooms, 2015, escrito por la Dr. Becky A. Bailey.