Si hay un sector particularmente sensible a las modas, ese es el de la Educación. Estamos llenos de tendencias, y a veces parecemos bancos de peces yendo en una dirección y en otra, sin parar a pensar qué estamos haciendo y por qué lo hacemos. Y hay un sector de la Educación que en el que se ve un especial interés por seguir la moda: en la tecnología educativa.

Esto tiene sentido, puesto que pocas cosas son más vistosas que un colegio lleno de tableros inteligentes, o promocionar que a cada niño que llega se le da una tableta. En el sector privado favorece el mercadeo; en el público muestra que se está invirtiendo “donde toca”.

No es que no se deba invertir en tecnología, ni mucho menos. Pero esta inversión, si no está atada a un trabajo constante con los docentes y si no parte de las necesidades propias y específicas de un plan de estudios, queda completamente  subutilizada. Desafortunadamente, hay demasiados colegios con tableros inteligentes en todos los salones, donde se usan muy pocos de ellos y, en muchos casos, como telones del video beam. No se usa la interacción táctil propia del tablero inteligente. También se implementan las tabletas en Primaria de manera cuestionable. El cuaderno tradicional tiene un papel muy importante en el desarrollo de la escritura y en el manejo del espacio; una tableta no permite este crecimiento.

Entonces, cuando un colegio tiene unos cuantos pesos y los quiere invertir en tecnología, los directivos deben planear muy bien. Debe haber claridad sobre lo que se está haciendo, qué se necesita, en qué forma esta nueva tecnología mejoraría la práctica docente y el aprendizaje.

Otro consejo es la implementación gradual. Comprar en cantidad se ve bonito y está la tentación de los descuentos que vienen con las compras al por mayor. También es fácil caer en la presentación del vendedor, quien nos pone a soñar con todos los posibles usos. Una cosa es nuestra imaginación en una sala de ventas; otra muy diferente es la aplicación.

Un buen ejemplo para ilustrar este punto es el video beam. Un salón con video beam siempre descresta. Sin embargo cabe la pregunta: ¿Qué tanto se usa? Si se usa bastante, es mejor comprar una pantalla o un televisor. Es más costoso, pero tiene una vida útil mucho mayor, proporcionalmente hablando al video beam. Además, hay que tener en cuenta la luminosidad del salón para decidir cual opción es mejor.

Si no se empieza poco a poco, trabajando con los profesores que están más dispuestos e inclinados a ensayar, se corre el riesgo de echar para abajo todo un proyecto. Además, tiene más sentido y es más práctico concentrarse en unas pocas experiencias (siempre va a existir el ensayo y error), pulir y corregir estos errores y obstáculos, y después ampliarlo – también gradualmente – al resto del plantel.

Sin embargo, hay unanimidad en reconocer la importancia de una buena cobertura de Internet. Las diferencias pueden surgir en las restricciones que se apliquen en cuanto a áreas de cobertura, la distribución de las bandas y obviamente las restricciones de programas impuestas desde el firewall.

Para instituciones que están implementando cambios en tecnología, las recomendaciones son simples: ir despacio, saber qué es lo que se necesita dentro del salón de clase y siempre tomar en cuenta las opiniones de los profesores.

Jorge A. Mejía
Rector