Nunca fui la mejor estudiante. Para el sistema educativo tradicional, siempre fui una niña con dificultades  para concentrarse, con calificaciones muy regulares y escondiéndose detrás de un escudo de acero: la rebeldía.

Mis padres, agobiados por la entrega de informes cada bimestre, ya no sabían qué más hacer para ayudarme.  Sin embargo, era una niña feliz, maravillada por explorar los huecos en la tierra de la huerta del colegio, intentando encontrar el lente perdido de mis gafas entre los matorrales. Soñando despierta con el día en que me convertiría en doctora para poder operar y sanar a los “bichitos” del  jardín. Con el correr de los años, fui perdiendo la esperanza de ser mejor y de “encajar” dentro de los estándares de normalidad exigidos tanto a nivel académico, como social. Mi autoestima estaba tan golpeada que nada me motivaba a ser mejor.

Soy de las afortunadas que nació para presenciar  grandes cambios. Pasé de aprender a digitar en una máquina de escribir a jugar “tortuga” programando con “DOS”. En secundaria, Cuando más o menos tenía 13 años, jugaba “culebrita” con el supercelular de mi papá (un Nokia que parecía un teléfono fijo inalámbrico).  Por esa misma época, cursaba Noveno grado y pasé por una crisis importante a nivel emocional. Quería renunciar a todo, No me gustaba ir al colegio porque mi espíritu rebelde me  hacía pensar que mis padres y profesores eran mis enemigos.

Mi profesora de química, Alix (nunca la olvidaré), me decía:

-¿Por qué  lloras por lo que no tienes y continúas desperdiciando lo que sí tienes?-

¿Ya ven por qué no la he olvidado? Para hacer la historia corta, ella fue mi mentora, me enseñó a sacar ventaja de las habilidades que tenía y a enfocar mi aprendizaje con propósito. Alix cambió mi reputación académica porque aprendí a aprovechar todas las facilidades que la tecnología de la época me brindaban y a enfocarme en trabajar en pro de un objetivo claro.

Hoy por hoy, la tecnología se ha encargado de  proporcionar acceso a la información de manera casi que instantánea. Por lo tanto,  un modelo educativo basado en la memoria, o la mecanización, se ha vuelto obsoleto. ¡Necesitamos un cambio!  No quiere decir que habilidades como memoria y mecanización no sean importantes de adquirir. Simplemente que dentro del proceso de aprendizaje de los estudiantes, dichas  habilidades se desarrollan de manera diferente.

Desde que empecé a trabajar en el Colegio Colombo Hebreo he sentido que el aula de clase es mi laboratorio. Mi sueño es lograr que los estudiantes se empoderen, crean en sí mismos y se atrevan a soñar. Quiero que el currículo sea una construcción colectiva enfocada en el estudiante, en la que el rol del maestro se transforma más hacia la figura de un mentor, y, ¿por qué no? un educador más. Quiero que la clases de inglés se conviertan en incubadoras de ideas, construcción de nuevo conocimiento. Ellos proponen el proyecto que quieren trabajar y yo me encargo de guiarlos para que desarrollen las competencias necesarias en pro de sacar su producto o resolver una pregunta  problema.

Entonces… ¿Qué tal si empezamos por el postre?   Sin necesidad de flexibilizar la rigurosidad en cuanto al proceso evaluativo.  Es importante replantear lo que se está haciendo a diario en el aula. Partir por el final, para llegar al principio. Acomodar las competencias necesarias de cada disciplina a los intereses individuales y colectivos de los estudiantes. Por esta razón, es de suma importancia conocer al estudiante; lo que le motiva, lo que le inquieta, lo que lo pone feliz o triste y, de la misma manera, procurar que el estudiante vea en el profesor un ser humano. Esta relación no solo desarrolla competencias sociales importantes como la empatía y el respeto, sino también genera un vínculo emocional con la materia que le motiva a aprender, a expresarse.

Trabajar los contenidos de una o varias disciplinas a través de una pregunta problema, una idea de negocio o de producto, permite que los estudiantes fortalezcan sus habilidades comunicativas, trabajo en equipo con asignación de roles, empatía, respeto por la diversidad, utilización de diferentes tipos de tecnología y resolución de problemas.  Ese sería el plato principal.

 

Tatiana Ramírez

English teacher

Por una co-educación integral

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“Dígame y olvido, Muéstreme y Recuerdo; involúcreme y comprendo”     

Proverbio Chino